Feliz día del padre…, mamá


No sé exactamente cómo empezó, pero un año para el día del padre, alguno de mis hermanos le llevó un regalo a mi mamá. De allí en más se creó la tradición que la Yaya (como le decíamos cariñosamente a mi madre), recibiera regalos para el día del padre y por supuesto, para el día de la madre. Era la manera de agradecerle porque para nosotros, los cinco hermanos, fue “papá” y “mamá”. Se desdobló para ser fuerte y darnos lo que necesitábamos.

Siendo orientador familiar y habiendo dado conferencias ya en tres continentes nunca he dejado de tener un cariño especial por las mujeres que por diversas razones han tenido que criar hijos sin la ayuda de un compañero. La experiencia con mi madre me ha dado varias lecciones, que no sólo comparto con otras madres, sino que me ayudan a agradecer a esa pequeña gran mujer que nos enseñó más lecciones de las que alcanzo a percibir. He aquí algunas de ellas.

  • Nunca sintió lástima de sí misma. La auto conmiseración es contagiosa y crea una sensación de victimización que no ayuda a crecer. No sé de dónde aprendió, pero siempre la vi hidalga, con la frente en alto, sin esconder su condición de mujer sola y abandonada, pero sin inspirar compasión de nadie. Tal vez esa es la mayor lección que nos infundió, un sentimiento de dignidad que sólo es explicable en un contexto donde la mayor afectada no actúo como pobre mortal digna de caridad y de paso nos enseñó a los hijos que no teníamos por qué tener vergüenza de vivir una situación que no habíamos creado.
  • Nos enseñó a perdonar y a no tener rencor. Nunca, por ninguna razón nos permitió tener resentimiento. Cuando alguno nosotros expresábamos algún atisbo de animosidad porque el que debía estar no estaba, ella nos callaba y simplemente nos decía: “Me tienen a mí y es suficiente, no los voy a abandonar”, otras de sus frases era “no está, pero seguirá siendo su padre hasta que se mueran”. Enseñarnos a crecer sin odio fue un legado que aprecio como si fuera oro en polvo. En la consulta he visto tantas vidas dañadas por el rencor que cada vez que veo las marcas en el rostro y en el alma que deja la falta de perdón, no sólo tengo ganas de agradecerle a esa mujer que llamo madre, sino que expreso un inmenso agradecimiento a la vida que tengo, que no está herida de muerte por un sentimiento que no sólo corroe la vida emocional, sino que también mata el cuerpo.
  • No buscó a alguien que la sustentara ni pidió limosna. Cuando llegábamos de la escuela la veíamos en su vieja máquina de coser, esa a pedales, como las de antes, con un mueble de madera y un armazón de fierro. Siempre tenía una sonrisa para darnos y no se lamentaba por tener que trabajar largas horas para darnos de comer. Pero además, nos enseñó a colaborar. Ella cosía, yo, el mayor, hilvanaba, mi siguiente hermano cortaba las telas y el otro, que tenía una motricidad fina excepcional, hacía ojales, como antes, a mano y con paciencia. Su dicho favorito era: “Nadie se muere de hambre si trabaja”. 
  • Nos enseñó a soñar. Su frase favorita para nosotros era: “Pueden ser lo que quieran”. Nos animó a no quedarnos, a aspirar, a tener ideales. Cuando veo la vida en retrospectiva ese es un legado impagable, no dejar a los hijos victimizados por las circunstancias ni viviendo de manera conformista como si no hubieran alternativas. Fue una gran motivación de vida, darnos alas y no cortarnos el vuelo. 

Ser madre soltera no es el fin de la vida, sino una oportunidad. 


Es la actitud la que cuenta, no las circunstancias. Si una mujer con sólo la primaria terminada logró sacar sola a cinco hijos adelante ayudándonos a crecer sin complejos ni rencores, entonces, ¡sí se puede!

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Se prohíbe la reproducción total o parcial del presente 
artículo sin la autorización expresa del autor.
Originalmente publicado en Espacio Crea Mundos

Comentarios

  1. Al leerlo prácticamente ha descrito a mi madre, la única diferencia es que ojalá nuestro padre nos hubiera abandonado totalmente, pero solo nos abandonó sentimental y económicamente,porque estuvo presente al otro lado de la cuadra siendo feliz con otra familia en abundancia y nosotros de este lado careciendo lo que a ellos les sobraba, mamá hizo todo por mitigar el dolor y ayudarnos a no sentir rencor, hoy a mis 24 años aun guardo rastros de rencor, pero lo intento y algún día lograré no sentirlo.

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