Héroes del mundo real



Estoy aburrido de los héroes de barro. A riesgo de que me tiren piedras y me hagan un juicio político, temo que la mayoría de los “héroes” nacionales me revuelven el estómago, muchos de ellos tuvieron roles protagónicos en guerras y revueltas, probablemente en tiempos normales los trataríamos como enajenados o simplemente asesinos. Algunos de los llamados “héroes” son personas que no resistirían un análisis psiquiátrico serio.

El otro día recordé la campaña de CNN para buscar “héroes” en la comunidad, un esfuerzo que tiene como fin exaltar valores a menudo olvidados como la colaboración, la empatía, el esfuerzo por ayudar, el ir más allá de las fuerzas normales para hacer algo, más que ser un mero espectador de la realidad.

Pensando en eso me puse a pensar en mis héroes personales, soy profesor universitario, y reflexioné en algunos de mis alumnos, en aquellos que me han inspirado a ser mejor persona, que me dieron motivos  para seguir adelante, que me mostraron que es posible esbozar una sonrisa pese a las circunstancias adversas. Son héroes anónimos de los cuales seguramente no se escribirán poemas ni se construirán estatuas de bronce, pero, son en comparación infinitamente más trascendentes que algunos de “los héroes” que conocí en otros momentos.

· Samuel[1] es un joven que esboza una sonrisa con timidez. Es callado, pero tiene opiniones firmes. Es un líder nato, aunque no es avasallador, cuando habla noto que sus compañeros lo escuchan y lo siguen. Pocos saben que siendo niño fue abandonado por sus padres. Se crió en la calle, vagabundeando y comiendo de tachos de basura. Una organización lo recogió y lo internó en un orfanato. Allí estudió y descubrió que es bueno para hacerlo. La misma organización le paga sus estudios. Al finalizar el período escolar anterior le pregunté sobre qué haría en el verano. “Voy a trabajar”, me dijo con total naturalidad, pero luego agregó “así ayudo a alguien que tenga menos que yo”. Al ver mi cara de incógnita me dijo: “Es que a mí me pagan todo, así que no necesito trabajar, pero si trabajo ayudo a alguno de mis compañeros que si lo necesita”. Cuando lo vi irse me sentí orgulloso de darle clases a un joven con ese espíritu. Cuando lo veo, es mi héroe, él cree que yo le enseño, pero él me ha dado enormes lecciones de vida.

· Liliana, es una joven de una sonrisa contagiosa. Estoy admirado de su creatividad, pinta y dibuja como una experta, aunque no estudió arte formalmente. Hace unos cuadros al óleo hermosos. Un día me cuenta su historia, hija de un alcohólico, abusada por su propio padre cuando era niña, huyó de esa familia disfuncional y anduvo entre casas de familiares y amigos, hasta que encontró el sentido de su vida en el arte. Sin embargo, aunque su vida ha sido maltratada hasta la locura su sonrisa es tan trasparente y su alegría tan contagiosa que nadie imagina lo que ha vivido. Suele ser solidaria, atenta a las necesidades de los que más sufren, siempre es un oído atento a sus compañeras que más lo necesitan. No sólo es mi heroína, sino de varias personas más.

· Rogelio, nunca le faltó nada. Hijo de un hombre adinerado tuvo todo lo que quiso siempre. Lo conocí siendo estudiante de medicina. Se proyectaba para ser uno más de que han hecho del ejercicio de la medicina un buen negocio, y nada más. Un día me enteré que estaba tomando clases de piloto de avión. Todas las semanas invertía tiempo en aprender a volar y en acumular horas de vuelo. Cuando le pregunté la razón me dijo un tanto enigmático “es que tengo un sueño”, y no agregó nada más. Cuando tenía que hacer su último año de carrera que consistía en realizar algún servicio a la comunidad se fue a despedir y me dijo que se iba a África para colaborar con una ONG de médicos. ¡África! Si, hace tiempo me enteré que tenían un avión ambulancia, pero nadie para pilotarlo por miedo. Cuando recibí las primeras cartas contando de sus aventuras, no pude menos que inflarme de orgullo de haberlo tenido de alumno. Hizo un trabajo magnífico, ayudó literalmente a miles de personas, hizo la diferencia. Hasta ahora sigue siendo mi héroe.

Tal vez vaya siendo hora de enfatizar valores que permitan a los niños y jóvenes pensar en otros héroes, gente que haga la diferencia. Cuando viví en México, vi a niños y jóvenes que admiraban como héroes a los narcotraficantes porque aparentan tener vidas excitantes y llenas de aventura. Cuando eso sucede, algo muy preocupante sucede en el interior de los hogares y en la sociedad que no apuesta por los verdaderos héroes. Podría llenar muchas páginas con más de mis héroes personales, que no aparecerán en un reporte de diario, pero sí harán la diferencia en un mundo cada más necesitado de héroes de verdad.

[1] Todos los nombres son ficticios y no se da ningún dato geográfico para no incomodar a los protagonistas, aunque quisiera que sus nombres figuraran en letras de neón, sé muy bien, que ellos mismos no lo querrían.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
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Originalmente publicado en Espacio Crea Mundos

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