Espiritualidad, violencia y androcentrismo


En su libro Massacre of the Dreamers: Essays on Xicanisma (Westminster: Penguin Group, 1995) cuyo título se traduciría como La masacre de los soñadores, la escritora chicana Ana Castillo sostiene que el marxismo fracasó entre las chicanas de los años sesenta porque esta doctrina no consideró las preocupaciones espirituales de las mujeres.

La importancia de la espiritualidad

Grandes líderes del mundo contemporáneo han puesto de manifiesto la importancia de la lucha contra las injusticias, sin evadir el componente espiritual y aún más, teniendo, en algunos, lo espiritual como base.

El Dalai Lama, con su lucha contra la invasión China; Martin Luther King y su defensa de los derechos civiles en Estados Unidos; Mahatma Gandhi y su búsqueda de independencia en la India; Nelson Mandela y su cruzada contra el Apartheid en Sudáfrica; Aung San Suu Kyi y su esfuerzo por introducir la democracia en Myanmar; todos ellos han elegido la vía de la paz y la no-violencia, como forma de actuación política.

Cualquier cambio que se quiera introducir en relación con las mujeres, especialmente latinoamericanas, debe considerar las circunstancias espirituales. La mayoría de las mujeres están vinculadas a grupos religiosos, al menos en los países latinos y ese elemento, a veces no es tomado en cuenta a la hora de la propuesta de medidas de cambio.

Álvaro Salas Chacón, de la Universidad de Costa Rica, define el concepto diciendo que “los valores espirituales son aquellos que nos ponen en una relación de armonía y aceptación con lo que se percibe como positivo y en una posición de resistencia no violenta contra lo negativo, ya sean personas, seres animados, cosas, ideas o experiencias”.
Violencia y espiritualidad

Cuando se incluye en el actuar político y social la agresión física y psicológica, y actitudes tales como la intolerancia, la exclusión, el juicio y descalificación a otros, el fomento del odio y el resentimiento, entonces se está ante una situación de violencia.

Muchos grupos políticos en Latinoamérica han utilizado esta estrategia de acción. Históricamente este ha sido el modus operandi de la mayoría de los grupos, liderados en su mayoría por varones, que han procurado cambios sociales en la comunidad latina.

En el contexto de la reivindicación de los derechos de la mujer, algunosgrupos feministas han seguido un camino similar, pero han perdido efectividad, precisamente por esa actitud. Salas Chacón sugiere que los grupos que luchan por los derechos de la mujer, pero que actúan con base en resentimientos, odio, revanchismo hacia los varones, y actitudes similares, lo único que provocan es rechazo en la mayoría de los hombres y no pocas mujeres que ven en estas actitudes una fuente de desarmonía social. En ese sentido, los movimientos que han producido cambios más profundos en el mundo, siempre han estado basados en valores espirituales que de un modo u otro terminan validando el cambio.

La percepción es que la defensa de los derechos de la mujer que elige este camino es un problema, porque genera un ambiente negativo y parece como una solución peor que el problema.
Espiritualidad, androcentrismo y derechos de la mujer

La mayoría de las personas coincide en la necesidad de la defensa de los derechos de la mujer, sin embargo, cuando se elige el camino androcentrista, es decir, una forma beligerante y descalificadora del otro, termina provocando actitudes defensivas que no propician la cooperación y la apertura que se necesita para tratar el tema.

Tal como señala Salas Chacón, aunque algunas feministas no lo reconozcan y no logren aceptarlo, para producir cambios reales es preciso incentivar y lograr la colaboración de la otra parte de la humanidad, es decir, los varones. No entender este factor, simplemente es optar por un camino de confrontación que finalmente no ayuda.

Si se tiende a tratar a todos los varones como sádicos y maltratadores de la mujer, quienes a su vez aparecen como víctimas neutrales, entonces, se produce un discurso sesgado, que no ayuda a la comprensión real del tema.

Es verdad que muchos varones maltratan a la mujer, pero también hay mujeres que lo hacen en una especie de machismo de mujer, que propician actitudes hostiles hacia su propio género. Es preciso no olvidar que hay cientos de miles de personas del género masculino que buscan, honestamente, vivir una relación de género que sea paritaria y de mutualidad. Sostener lo contrario, es un exceso que no ayuda.

Cuando las personas se sienten victimizadas, la tendencia es asumir una posición de superioridad moral, sentirse mejores que los otros, actitud que no ayuda a la verdadera comprensión de los problemas, que genera el androcentrismo ni tampoco a superarlos. Mandela, Gandhi, Luther King y otros se negaron a optar por este camino, sabiendo que produciría resistencia.

Los derechos no se defienden anulando otros, por esa vía se llega a un callejón sin salida.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
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Originalmente publicado en Suite 101

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