Violencia hacia la mujer, un texto de terror judío


En 1984 Phyllis Trible publicó el libro Texts of Terror: Literary-Feminist Readings of Biblical Narratives (Philadelphia: Fortress Press, 1984). Trible desafió las interpretaciones habituales a algunos textos del Antiguo Testamento y los calificó de “textos de terror”. Dejó en evidencia la falta de justicia hacia la mujer en la interpretación tradicional. Uno de los textos analizados por Trible es Jueces 19.

Un texto de terror en la literatura hebrea

Jueces 19 es una de las piezas literarias más tétricas de la Biblia hebraica. En el relato se unen traición, violación, tortura, asesinato y descuartizamiento de una mujer anónima.

Se evidencia la brutalidad y el triunfalismo del poder masculino en relación a la indefensión, el abuso y la aniquilación de las mujeres.

Los protagonistas son varones: Un levita, su asistente, un padre de familia, un anciano y un grupo de varones. Los varones tienen voz, las mujeres del relato están silenciadas.


El abandono de la mujer judía

La mujer de la historia es presentada como “la concubina”, una expresión despectiva. En la sociedad patriarcal la que no era esposa, era considerada inferior.

Contra toda la lógica de su tiempo ella huye a la casa de su padre, pero llega el levita y convence al padre, no a la mujer, y la lleva de vuelta. Ella no tiene voz.
El regreso, donde el peligro mayor es para la mujer judía

El levita pasa la noche en Gabaa. Al llegar a la ciudad un anciano le ofrece hospedaje. El texto señala que luego “los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa” (19:22). Quieren violar a la visita. El que hospeda señala: “No cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad” (19:23). Sin embargo, hace una propuesta macabra: “¡He aquí mi hija virgen y su concubina” (19:24).

Ofrece a dos mujeres, para proteger a los varones. Una de ellas, su propia hija, que los hombres desechan. Remata con una frase indignante: “humilladlas y haced con ellas como mejor os parezca” (19:24). La razón que esboza es “y no hagáis a este hombre cosa tan infame” (19:24). Evidentemente si es a un varón es infamia, si es a una mujer es correcto. Las leyes de la hospitalidad protegen sólo a varones.


Arrojada la mujer judía en manos de la turba

El levita arrastra a la concubina y la entrega a la turba. Él se encierra en casa mientras la mujer es violentada. Al otro día, después de una noche de terror cae rendida y moribunda a la puerta de la casa. Fue violada, torturada y abandonada. Una síntesis de la condición de la mujer judía de ese momento.

El hombre al verla tirada, de manera fría y distante sólo dice “vámonos”. No hay ningún gesto de compasión ni de empatía. La mujer aún está viva, pero en silencio. Al ver que no reacciona la coloca sobre uno de sus asnos y parte.
Epílogo

Al llegar a casa el levita toma un cuchillo, la descuartiza y envía sus pedazos a todo Israel. El cuerpo de la mujer es nuevamente sacrificado. La mujer, que en la narración, ambiguamente no se señala si está viva o muerta, sólo en poder de su amo, es dividida en doce partes en una última escalada de violencia.

No hay lágrimas, funeral, ni nombre. Muere siendo propiedad, objeto y personaje anónimo. Es una historia donde las mujeres no existen por derecho propio.

Jueces 20 y 21 narra la reacción masculina. Cuando se le pide explicación al levita cuenta que vinieron los hombres de la ciudad “con idea de matarme; y a mi concubina la humillaron de tal manera que murió”. Omite por completo que fue él quien entregó a la mujer en manos de la turba.

La consecuencia es una guerra donde mueren 25 mil hombres y la tribu de Benjamín es casi arrasada. Los israelitas prometen que nadie dará en matrimonio a su hija a algún sobreviviente de la tribu, pero para solucionar el problema, atacan la ciudad de Jabes de Galaad, asesinan a todos sus habitantes, excepto a las mujeres vírgenes y luego secuestran a 200 mujeres más que son entregadas a los sobrevivientes. Los varones solucionan el problema sacrificando mujeres. La violación de una mujer provoca el sacrificio de 600.


Una historia contemporánea de violencia

Por macabro que parezca, la historia es contemporánea. La misoginia es de todas las épocas. La mujer, en miles de lugares sigue siendo objeto, capturada, llevada, violada, abandonada, torturada, asesinada y descuartizada. El terror de género aún reside en millones de hogares donde las mujeres no están seguras ni aún en sus casas. El relato corrobora una tendencia de todos los siglos.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Se prohíbe la reproducción total o parcial del presente 
artículo sin la autorización expresa del autor.
Originalmente publicado en Suite 101

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