Todos los hijos son especiales


Soy el mayor de una familia de cinco hijos, mi esposa es la menor de una de seis. Sabemos lo que es vivir en familias numerosas. ¿Cuál es la mayor virtud de un padre o madre sabios? Simplemente, hacer sentir a todos sus hijos, sin excepción, como personas únicas y especiales.

Los hijos no nacen como clones, son individuos. Reconocerlo es vital para ayudarles a encontrar el sentido de sus vidas.

Los padres deben aprender a reconocer las diferencias personales de sus hijos y no sólo eso, alentarlos en lo que son, no en lo que nosotros quisiéramos que fueran. No pueden vivir nuestros sueños, deben vivir sus propias vidas.

A veces, los padres por falta de experiencia, por ignorancia, por no saber qué se espera de ellos, tienden a obviar las diferencias individuales de sus hijos, cuando en realidad lo que deben hacer es alentarles en su individualidad. Ayudarlos a descubrir su camino. Un hijo realizado es el mejor testimonio de una buena crianza.

Cuando los padres tratan a cada hijo como especial, y les dedican tiempo, atención, y tratan sus sueños como lo más importante del mundo, la vida recompensa dicha acción con resultados de paz, de equilibrio, de armonía y de plenitud.

Un hijo, sin importar si es de una familia numerosa o no, debe siempre sentirse especial, único, apreciado y valorado.

Llevo más de dos décadas involucrado con la educación, me he emocionado muchas veces al escuchar a algunos de mis alumn@s referirme incidentes donde los padres los comparaban con otras personas (incluyendo hermanos); donde los despreciaban por ser distintos a lo que ellos esperaban; donde les exigían lo que no estaba dentro de sus características individuales, o que los obligaban a estudiar carreras para las cuales no tenían competencia o motivación. Las huellas emocionales perduraban aún años después de los incidentes.

Los padres deberían entender que hay prerrogativas que no les corresponden, por ejemplo, imponer criterios de vida a sus hijos. Pueden intentar persuadirlos, pero no obligarlos.

Recuerdo el caso de un niño de 12 años, que por convicción había decidido no comer más carnes rojas. Había escuchado una disertación al respecto en su colegio, luego había preguntado a su profesora y había anunciado en su casa que no quería comer más “eso”. Sus padres hicieron un escándalo y le dijeron que el comería aunque no quisiera y le pondrían la comida en la boca a la fuerza si fuera necesario. ¿Por qué? ¿Quién les dio ese derecho a los padres para avasallar así una convicción de su hijo, en algo que no es de vida o muerte, sino tiene que ver con un convencimiento de vida de un niño? Cuando lo conocí tenía 18 años, era estudiante universitario, no visitaba a sus padres, tenía una profunda herida emocional y… seguía siendo vegetariano.

Más de alguna vez me he visto involucrado en diálogos con algunos de mis estudiantes que han sido obligados a estudiar carreras que no querían porque de algún modo cumplían con las expectativas de sus padres. La angustia, la molestia, la desmotivación y la gran ansiedad que experimentaban eran el precio que pagaban por vivir un sueño de otro, no el propio.

¡Qué extraordinario cuando los padres entienden lo especial que son sus hijos y respetan su individualidad! Un padre o madre sabia nunca hace mofa de las elecciones de sus hijos, entiende que los hijos son diferentes.

Cuando nació nuestra hija habíamos leído cuánto libro de educación infantil tuvimos a mano. En teoría sabíamos lo que había que hacer. Sin embargo, la hija rompió las teorías. Muchas cosas que suponíamos debían resultar, simplemente no servían con ella. Seis años después nació su hermano, ahora creíamos tener experiencia, llevábamos 6 años de práctica, pero Alexis, salió tan distinto a su hermana, que fue reaprender, empezar de nuevo, entender que era un individuo con características totalmente distintas. Si hubiéramos tenido un tercer hijo, habría pasado lo mismo.

Un hijo es un universo único. Compararlo con otras personas, hacer mofa de sus motivaciones, exigirle que sea lo que no es, y así sucesivamente, sólo logrará que el niño o niña apaguen sus ganas de vivir y se torne en apático por esencia. Un hijo o hija son seres especiales, único, una combinación de ADN exclusiva, ¿por qué cometer ese error tan burdo de tratarlo como si fuera igual a otros? Entender que un niño o niña es diferente, es el paso de respeto esencial para lograr encauzarlo de manera adecuada en la vida.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
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Originalmente publicado en Espacio Crea Mundos


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