Depresión infantil: cuando la escuela enferma


Dos factores importantes permiten explicar la depresión infantil, el ambiente familiar, que con todas sus problemáticas propicia o previene estados emocionales alterados y la escuela, como elemento que colabora o entorpece la salud mental de los estudiantes.

En ocasiones la escuela se convierte en un estresor, que mal manejado culmina en estados emocionales enfermizos, provocando, entre otras secuelas negativas, cuadros de depresión.

Un estudio revelador

El psicólogo Luis Lozano presentó un estudio que concluye que un “20% de los niños que cursan estudios de primaria sufre síntomas depresivos”.

La investigación muestra que la infancia no siempre es tan feliz como presenta el mito, al contrario, suelen esconderse o ignorarse síntomas que podrían alertar a quienes tuvieran la preparación y el interés para darse cuenta de la situación.

El estudio señala que un 25% del alumnado da muestras de sentimientos de inutilidad, en otras palabras “sentir que no valen para nada”. En la misma línea estuvieron los resultados sobre irritabilidad, situaciones asociadas a depresión.
Rendimiento y depresión

El estudio mostró una alta correlación entre depresión y mal rendimiento académico lo que es un elemento muy importante a la hora de mostrar cómo algunos ciclos tienden a enfermar más, porque en el mismo orden se comprobó que los alumnos sin depresión, mostraban un rendimiento escolar superior.

Si un alumno obtiene un bajo resultado académico eso puede ser un factor de depresión, o al revés, la depresión puede detonar un bajo rendimiento. Sin embargo, el rendimiento escolar se convierte en un factor que potencia la depresión y esta a la vez facilita el mal rendimiento lo que convierte al asunto en un círculo vicioso.

La variable depresión, en general, no es tomada en cuenta por los docentes a la hora de evaluar a sus estudiantes, al no hacerlo y no considerar las circunstancias particulares del alumno, en realidad, están cooperando para que la enfermedad avance y por ende, el bajo rendimiento continúe en un ciclo inacabable.

El estudio concluye que es preciso “cambiar la forma de relacionarse que tiene el adulto con el niño para poder prevenir estos trastornos emocionales en nuestra población infantil”. Los docentes no son psicólogos, pero al menos pueden ser capacitados para detectar la presencia de síntomas de depresión y de ese modo derivar a los estudiantes a especialistas que los puedan ayudar. Reducir los rendimientos del alumno a capacidad o a motivación es no entender el componente fundamental de la salud mental.
Conciencia de la existencia del problema

En ocasiones, los docentes y sistemas escolares, tienden a tratar al niño como si estuviera desconectado de toda otra influencia externa al colegio, o como si fuera un ente meramente cognitivo, sin considerar los factores psicológicos que inciden en el aprendizaje. Al obrar de este modo, no sólo perjudican al alumnado, sino que se convierten en un elemento que posibilita la enfermedad depresiva.

El estudio de Lozano y su equipo señala la necesidad de estar conscientes de la problemática y de entender que un niño también puede padecer depresión. Minimizar, caricaturizar, motejar o reaccionar como si la tristeza del niño no importara, no ayuda, al contrario, perjudica más.
El problema del desarrollo curricular

La educación centrada únicamente en objetivos educativos de tipo cognitivo, enferma. Cuando el niño no es atendido como un ente integral y sólo como si fuera cerebro, el sistema escolar colabora para que un niño con tendencias depresivas o viviendo en un ambiente de estrés emocional, se enferme.

El desarrollo emocional es un pilar básico de la estructura vivencial de un individuo. Actuar como si fuera algo secundario, no ayuda, al contrario, perjudica.

El docente que descubre síntomas depresivos en un estudiante no puede conformarse con derivar y etiquetar, debe involucrarse en actuar de tal forma que sea un ente colaborador en el proceso de sanidad del niño. Evidentemente un niño depresivo no puede rendir del mismo modo que un niño normal, eso lo demuestra el estudio ampliamente.

Por esa razón es preciso tomar medidas precautorias y además, reparadoras, como el que tomó hace algunos años el Gobierno de la provincia de Buenos Aires al crear una ley que permite a los estudiantes diagnosticados con depresión un sistema de inasistencias diferenciado y un programa de educación particular, atendiendo a su salud mental.
Conclusión

Mientras los docentes no tengan en cuenta la salud emocional de un niño a la hora de evaluar y ponderar el rendimiento académico, entonces, lo único que se logrará es que los problemas depresivos aumenten y no mejoren. En este contexto, el sistema escolar puede ser la causa de la depresión infantil de muchos alumnos, al no convertirse en un agente de cambio positivo y de ayuda para el escolar con una salud mental deteriorada.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
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Originalmente publicado en Suite 101

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